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ESTRÉS

El estrés mata. En su justa medida el estrés nos permite mantenernos activos y es algo imprescindible para la supervivencia. Pero si el que recibimos es mayor del que nuestro organismo puede soportar, acabamos enfermando. Las consecuencias físicas y mentales de un alto nivel de estrés son tremendas, y las veremos con detalle.

¿Quién no padece estrés en estos tiempos que vivimos? A menos que vivas en un lugar de ensueño con una vida idílica, sabrás de lo que te hablo. Además de la presión que ofrece nuestra propia vida, tenemos que enfrentarnos a diario con agentes ambientales que multiplican nuestro estrés: los atascos, el ruido, las prisas, la contaminación, las multitudes…

Los acontecimientos agradables también generan estrés, no sólo las situaciones indeseables. Por ejemplo, alguien que prepara un reencuentro importante con amigos de la infancia, una boda, una entrevista de trabajo deseada desde hace años… todo esto dispara nuestros niveles de estrés del mismo modo que los hechos desagradables.

Hasta obsesionarnos con lo estresados que estamos genera más estrés. Es necesario conocer nuestro nivel de estrés y ponerle freno lo antes posible. Porque sí, mata, como veremos con detalle. Las personas que sufren un alto nivel de estrés son más propensas a sufrir un ataque al corazón, una angina de pecho, un infarto cerebral, cáncer, problemas psiquiátricos, etc.

Sin olvidar que el estrés, según recientes estudios, acelera el proceso de envejecimiento. Es necesario cambiar nuestra actitud ante las circunstancias, ser menos exigentes con nosotros mismos, buscar tiempo para el ocio, la naturaleza y las relaciones personales, aumentar el tiempo de descanso. De nada sirven los logros personales si nuestro nivel de estrés nos impide disfrutar de la vida.

Una respiración consciente y profunda nos ayudará a rebajar nuestros nervios y hacernos con el control de nuestro estrés. Aunque suene extraño, tenemos que aprender a respirar de nuevo. Y, sobre todo, la herramienta estrella para ponerle freno a un estrés desmedido, es la relajación. En los siguientes artículos puedes aprender ambas técnicas y mejorar así tu calidad de vida.


Pincha estos enlaces, te serán de gran ayuda:

Relajación

 Si vives –incluso cuando duermes- en un continuo estado de tensión, seguro que te sientes bajo de energía, cansado y con problemas de salud. Si padeces Ansiedad o Estrés, realizar Ejercicios De Relajación te ayudará (y mucho) a reducir esa tensión, a sentirte en paz, y reducirá o eliminará tu Insomnio. La Relajación es un estado maravilloso que está a nuestro alcance.

Estar relajados debería de ser nuestro estado natural. Pero casi nunca es así, y muchas personas parecen haber olvidado qué es la relajación. Lo mismo que ocurre con la respiración se puede decir de la relajación: si los músculos están relajados, la mente tiende a estar relajada. Si el cuerpo está tenso y bloqueado, la mente también lo está.

La Depresión lleva a menudo asociado un problema de ansiedad. La Relajación, en este caso, no sólo te enseñará a relajarte, sino que te producirá una sensación de bienestar que te producirá optimismo y placer. Sobre todo si los Ejercicios De Relajación se complementan con otros de Visualización.

Al principio será necesaria la constancia. Así, poco a poco, cuerpo y mente irán asimilando –grabando- ese”nuevo” estado de Relajación como algo natural. De ese modo cada vez será más fácil y rápido (con el tiempo lo harás en cualquier lugar y en pocos minutos) alcanzar el bienestar de la Relajación.

Puedes relajarte en cualquier postura, momento o circunstancia, pero Vamos A Empezar creando las mejores condiciones para aprender y alcanzar la Relajación con facilidad. Después podrás lograrla estando sentado, de pie o incluso caminando, pero estar tumbado y en silencio invitan a lograr la relajación de un modo más natural.

Busca un lugar tranquilo y lo más silencioso posible. Sobre todo procura que nadie te moleste. Si lo deseas pon una música suave, enciende velas o una varilla de incienso… eso lo dejo a tu elección.

 Lo ideal es que te tumbes en el suelo, sobre una colchoneta o manta doblada, y procura taparte. Pon un cojín bajo tu cabeza o tus pies si lo encuentras más cómodo. Tenemos que propiciar todas las ayudas posibles para buscar nuestra relajación sin preocuparnos de nada más.

Tumbado boca arriba, separa ligeramente las piernas entre sí, y separa un poco los brazos del resto del cuerpo. Las palmas de las manos mirarán el techo y procura relajar los hombros descendiéndolos hacia los pies y separándolos de las orejas. La relajación se hace difícil si el cuello y los hombros están contraídos.

Los ojos preferiblemente deben de estar cerrados, pero las personas con alto nivel de ansiedad no se sentirás cómodas. Así que pueden empezar con los ojos abiertos y cerrarlos (o no) después si la relajación les invita a ello.

Primero tenemos que aquietar la respiración, lo que logrará ya de por sí una relajación física y mental que nos preparará para el resto del ejercicio. Para ello lee el artículo ¿Crees que sabes respirar? Y comienza por realizar al menos cinco respiraciones abdominales, lentas y profundas, tomando el aire por la nariz y expulsándolo por la boca.

     Con cada exhalación dite a ti mismo que estás expulsando toda la tensión, tristeza y pensamientos negativos que hay en tu interior. Hazlo con lentitud, intentando disfrutar.      Después deja que tu respiración fluya de forma natural. Olvídate de ella el resto de la Relajación.

Ahora vamos a recorrer todo el cuerpo, de los pies a la cabeza, tensionando y aflojando todos nuestros músculos y relajándolos después.

Empezamos por los Pies y Piernas. Tensa los pies con fuerza, como si intentases tocar con los dedos de los pies la parte delantera de tus piernas. Elévalos un par de centímetros del suelo y ahora tensa todos los músculos de las piernas: los gemelos, las rodillas, los muslos y los pies de una sola vez. Aprieta con fuerza… y relaja. Tensa, ténsalos unos instantes… y aflójalos a continuación, dejando que los pies caigan de nuevo hacia los lados. Repite de nuevo esa tensión- relajación.

Déjate llevar... Observa la diferencia y disfruta de lo relajados que se sienten tus pies y piernas. Después continúa por tus Glúteos. Contrae con fuerza y luego relaja tus nalgas y órganos sexuales, pero ten cuidado en no “cargar” mucho la zona lumbar.

Ahora es el turno de la Espalda y Pecho. Contrae los músculos de tu espalda elevando un poco el pecho en dirección al cielo y desciende los hombros hacia el suelo. Las caderas y la cabeza deben de permanecer en el suelo. Siente la tensión en todos los músculos de tu espalda, pero procura no producir tensión en tu Cuello. Aprieta, relaja, y repite.

Siente la enorme Relajación que poco a poco se va instalando en tu cuerpo.

Contrae los músculos del Abdomen hacia dentro, como si quisieras tocar el suelo con tu ombligo. Relaja y respira profundamente. Experimente la gran Relajación de toda la mitad inferior de tu cuerpo.

Aprieta tus Manos, tensiona todos los músculos haciendo un puño con ellas. Elévalas un par de centímetros del suelo. Y con el puño cerrado contrae con fuerza todos los músculos de tus brazos. Siente el placer que te proporciona la Relajación de tus miembros superiores.



Lleva la barbilla ligeramente hacia el pecho, sin tensión. Eleva y contrae los hombros, llevándolos en dirección a las orejas. Tensa con cuidado la zona del cuello… y después relaja y respira.

Es el turno del Rostro. Vas a apretar todos los músculos de la cara. Para ello frunce el ceño, aprieta los ojos, aprieta una mandíbula contra otra, aprieta los labios entre sí, y arruga toda la cara en una mueca. Después relaja y repite.

Ahora repasa mentalmente todo tu cuerpo. Intenta descubrir si todavía queda tensión en alguna zona de tu cuerpo. Si es así vuelve a realizar la contracción- relajación de esos músculos.

Es un buen momento para comunicarte con tu cuerpo dándole unas sencillas órdenes. Recorriendo cada zona de tu cuerpo, repite mentalmente: “Relajo mis pies. Relajo cada zona de mis pies. Siento los dedos, los empeines, la plantas de mis pies muy relajados…” “Ahora relajo mis pantorrillas…” y repites la fórmula para cada parte de tu cuerpo.

Siente tu cuerpo totalmente relajado. Disfruta de esa maravillosa experiencia. Dirige tu atención a la mente. Dile que se relaje más y más…

Intenta concentrar tu atención en la música (si la tienes) o visualiza un lugar en el que te gustaría estar, una playa o un paisaje de tu agrado. Olvídate del resto del mundo…

Cuando lo consideres, vuelve a tomar conciencia de tu cuerpo y del lugar en el que estás. Respira tranquila pero profundamente con el abdomen varias veces.

Poco a poco comienza a mover tus manos, tus pies… desperézate. Y levántate con suavidad.

Espero que te ayude mucho este método de Relajación. Es el que se realiza al final de una clase de Yoga, y es muy útil para mejorar tu descanso y sueño, además de empezar a tomar conciencia de las tensiones de tu cuerpo.

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