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EL FARO DE LA FELICIDAD

     Ayer me sorprendí diciéndole a mi pareja – me sentía poseída por un atracón de optimismo comprensible (y es que estoy de vacaciones)- que “ésta es la mejor época de mi vida”. Sí, ¡el día de mis sueños al fin ha llegado! Lo tengo todo… salud, Amor, trabajo, dinero (eso, lo que menos), amigos que respetan mi libertad y manías, y además, aunque parezca mentira, unas buenas relaciones familiares. Ah, y sin olvidar la satisfacción que me produce el blog y vuestro apoyo.

     Lo que me preocupa es que esa sensación eufórica de dicha infinita sea tan frágil como el cristal. Conociéndome – y supongo que no soy una excepción-, podría encontrarme en menos de lo que canta el famoso gallo, pensando y diciendo todo lo contrario: ¡qué mi vida es una pesadilla y que soy una desgraciada sin suerte!



     ¿Cómo es eso posible? ¿Qué tendría que ocurrirme para pasar de un extremo a otro? Pues poca cosa, la verdad sea dicha. La que ha nacido exagerada y tremendista sólo puede intentar que no le afecten tanto las cosas (ya he mejorado mucho, muchísimo). La otra opción sería una operación de cerebro en alguna prestigiosa clínica o, si así lo decidiese la fortuna, en la trastienda de algún laboratorio chino.

     El caso es que, por poner un ejemplo, bastaría con que mi pareja me dijese que está harto de alguna de mis manías, me bajase la regla y me enterase de que van a subir el Euribor. También podría ser que por culpa de alguna película dramática y estúpida -de esas que arruinan nuestras sobremesas de lunes a viernes-, empezase a compadecerme de mi traumático pasado y de lo que pudo ser y no fue.

     Así de bobas somos la mayoría de las personas. La Felicidad sólo es real si es más o menos permanente. Si no, es preferible llamarle “orgasmo emocional”. Creo que únicamente el que es capaz de ver lo bueno de la vida (que es mucho, muchísimo), de no dejar que nada ni nadie cambie su energía cuando atrapa un instante de felicidad… puede hacer posible el milagro: Ser Feliz sin peros, de un modo más o menos permanente.

     ¿Una utopía? Reflexionemos un poco… Si uno o más pensamientos negativos son los responsables de que pasemos de ver el mundo de color de rosa a un gris plomizo, ¿qué ocurriría si fuésemos capaces de bloquearles el paso, como si fuésemos los porteros de la discoteca de nuestro cerebro? A lo mejor no es tan descabellado como crees. ¿Acaso, cuando estás deprimido, no te niegas a pensar cosas alegres y optimistas?

     Sí, estás fatal. Y viene tu madre o te llama alguien por teléfono, y te dice: “¡Venga anímate! ¡La vida es preciosa, está llena de cosas buenas! Sí, es cierto. Pero a tu cabeza no le da la gana de entenderlo, y prefiere aferrarse a pensamientos decadentes y enfermizos. Es decir, la mente ¡sabe negarse a pensar cosas buenas! Entonces… ¿A que ya no parece tan imposible negarse a tener pensamientos negativos?

     La mente humana es poderosa, para bien o para mal. Y los pensamientos son como imanes. Un pensamiento negativo atrae más de la misma naturaleza. Y la mente se va llenando de suciedad hasta que ya es casi imposible limpiarla… Pues lo mismo ocurre con los pensamientos de felicidad, y esos son los que de verdad interesan.


     ¡Yo voy a plantarme como un faro costero en la mitad del temporal! Me elevaré orgullosa con mi felicidad soñada y alcanzada, y cuando se acerquen las olas de la amargura, estaré preparada para que no penetren en mi interior. “Soy feliz, ahora soy feliz, siempre soy feliz…” un mantra de oposición el sufrimiento.

     Cuando te encuentres con un pequeño instante de dicha… ¡atrápalo! Hazlo tu único sentimiento y no dejes que nadie ni nada te desvíe de esa emoción. Resiste… y cuando te des cuenta, ya ni recordarás cuándo fue la última vez que te sentiste mal.

A ser feliz… ¡también se aprende!


Ya No Me Quieren... ¡Ahora Me Va Bien!

A lo largo de la vida lo he visto muchas veces. Supongo que tú también...

Te sientes mal, has roto con tu pareja, te han despedido, tienes problemas familiares importantes… ¡Qué maravilla descubrir que no estás solo, que todos los días suena el teléfono y una voz amable te pregunta cómo estás!

A menudo son varias las personas que te apoyan, y entonces te das cuenta de que después de todo el mundo es un lugar mucho mejor de lo que pensabas, y que vale la pena salir adelante y darles un alegrón.

Sus palabras son persuasivas, incluso aduladoras: “¿Cómo estás hoy?”, “Oye, ya sabes, cualquier cosa que necesites y a cualquier hora…”, “Tú vales mucho y te mereces lo mejor”, “Ya verás que pronto nos reímos de todo esto y lo celebramos juntos”.

Te invitan a todos los acontecimientos, al cine, de copas, a un seminario sobre la evolución del plátano canario, … da igual lo qué, tus seres queridos saben que es muy importante que no estés solo en casa.

Pero, ¡ay, pobre de ti! ¿Has cometido el terrible fallo de salir adelante? ¿Has heredado un buen pico? ¿Has arreglado tu crisis de pareja o encontrado una nueva? ¿Te han ascendido?

¡La que has armado!

No tardarás nada es descubrir las consecuencias. Apareces en el bar con tu nueva pareja (o con tu cazadora de piel del precio de un sueldo medio), feliz, sonriente, deseando compartir toda esa felicidad.

Te prometo, casi con total seguridad, que toda aquella empatía y cariño habrán desaparecido.

Hablarán entre ellos (si son varios) o pensarán para sus adentros que te has vuelto un engreído, que “molabas” mucho más cuando eras un desgraciado, pues ahora pareces un pavo real que viene a restregar lo bien que le va por la cara de los que tanto te han apoyado.

Se acabaron las llamadas y las fiestas. “Vuelve a llamar sólo si te va mal”, parece decir el mensaje.

Y es que en este mundo de hipócritas, parece que un grupo nutrido de individuos necesitan de tu infelicidad para sentirse superiores, para encontrarse realmente bien.

Que la envidia es el deporte nacional es bien sabido por todos. Pero para mí, pocas verdades hay tan grandes: Quien no se alegra de tu felicidad… ¡No te quiere! ¡Seguro!

Aleja a esas personas de tu vida, que vayan a “apadrinar” a otro. A lo mejor si no lo haces, si continúas con esas amistades, un día descubrirás –y te darás de cabezazos- que han encontrado el modo de hacerte daño.

No se puede decir que no hayan avisado.

Lo difícil radica en asumir que esa persona que tanto te ayudó ahora te odie tanto. En fin, cosas de humanos… y luego decimos que somos los seres más evolucionados de la existencia.